Surgió un conflicto en la casa de Gran Hermano relacionado con la distribución de alimentos y la organización de las comidas.
Los participantes expresaron su descontento por la falta de recursos y el concepto de "derecho de piso" que sienten que se les impone a los nuevos. Charlotte pidió un café y se encontró con la negativa, evidenciando la tensión por la escasez.
Se debate la necesidad de unificar el grupo y gestionar mejor los alimentos, ya que el presupuesto se ha duplicado con la llegada de nuevos integrantes. Se enfatiza que la comida es para todos y que el desayuno y la merienda se consideran un lujo inalcanzable en este momento.