Se introduce la parábola de los talentos para explicar el principio de dar y recibir. Un hombre confía sus bienes a sus siervos para que los inviertan y multipliquen.
A un siervo le da cinco talentos, a otro dos y a otro uno. Los dos primeros invierten y multiplican sus talentos, mientras que el tercero esconde el suyo y lo devuelve intacto.
Se plantea la pregunta sobre en manos de quién queda el dinero ganado, enfatizando que se recibe en la misma proporción en que se invierte o se siembra.