Se reiteró que sin orden y sin luz, nada puede funcionar bien según Dios. En medio del desorden no hay bendición. Dios descendió del cielo, puso orden y luego creó a Adán y Eva, colocando al hombre en medio de una creación ordenada.
Se citó la Primera Epístola a los Corintios, capítulo 14, versículo 33, para afirmar que Dios no es un Dios de desorden, sino de paz y orden. Por lo tanto, para que algo funcione correctamente, debe hacerse en un ambiente ordenado.
Se advirtió que el desorden no proviene de Dios y que atrae maldición. Si se aspira a tener una familia, matrimonio, ministerio o iglesia próspera y vital, debe haber orden y luz, ya que sin ellos no hay bendición.
Se concluyó que el orden es fundamental para el buen funcionamiento de cualquier ámbito, ya sea la vida personal, familiar, matrimonial, eclesiástica, o incluso a nivel nacional. La ausencia de orden impide la bendición y el progreso.