El programa Duro de callar continuó su emotiva cobertura desde la casa natal de Diego Maradona en Fiorito, mostrando la realidad de quienes asisten al comedor comunitario.
Ezequiel, un joven de 31 años, relató con emoción que consiguió trabajo como ayudante de albañil y que con su sueldo podrá comprar cosas para su familia. A pesar de la dureza de su jornada laboral, se mostró contento por tener un ingreso.
El periodista Manuel se quebró al ver la pequeña porción de comida que reciben algunas familias, evidenciando la profunda necesidad. Se reflexionó sobre la casa de Maradona apropiada por los pobres para ayudarse mutuamente, un símbolo de resistencia y solidaridad.
Se destacó que la situación es crítica y que muchos dependen de estos comedores para sobrevivir, ya que vivir por cuenta propia se ha vuelto prácticamente imposible.