Se destacó que 50 chicos rescatados de una situación de servidumbre provenían, en su mayoría, de familias humildes de Bolivia y del conurbano bonaerense.
Estas familias, en situación de pobreza extrema, a menudo llegan con promesas de trabajo mal pago, pero terminan siendo explotadas y encerradas en condiciones inhumanas.
Se comparó esta situación con los talleres textiles clandestinos que operaban años atrás en Buenos Aires, indicando que este tipo de explotación se ha corrido a otras zonas.