Se explicó que cuando Israel pecó, Dios se retiró de ellos porque se perdió el orden. Josué, al preguntar por qué perdían batallas, recibió la respuesta de Dios de que Israel había pecado y que Él no seguiría con ellos si no restauraban el orden.
Se destacó que la responsabilidad de restaurar el orden recae en las personas, no solo en Dios. Aunque Dios muestra dónde está el problema (como con Acán, quien robó objetos consagrados), es el pueblo quien debe tomar medidas, ajustar cuentas y restaurar el orden.
Se señaló que Dios proveerá para las necesidades y peleará batallas, pero no hará lo que corresponde a las personas. No se puede hacer la vista gorda ante la deshonra o irreverencia en el hogar o la iglesia si se está a cargo. Si no se confronta el problema, el Señor se va.
Se concluyó que si no hay orden, respeto y honra, Dios no se queda. La decisión de Pedro de no seguir sin la presencia del Señor y la de Josué de restaurar el orden son ejemplos de la importancia de tomar la iniciativa para mantener la presencia divina.