Se advirtió sobre la "obediencia selectiva" a Dios, señalando que Él desea el "todo o nada". No se puede pretender la bendición completa si solo se obedece en algunas áreas y se descuida otra que Dios pide.
Se explicó que esa "cosita" que no se ordena puede ser lo que esté opacando la presencia y bendición completa de Dios en la vida y la familia. Se utilizó el ejemplo del joven rico, quien tenía todo en orden excepto un área que le impedía seguir a Cristo plenamente.
Se planteó que Dios pide esa área específica que uno no quiere entregar, y que esta actitud puede ser la razón por la cual no se experimenta la plenitud de Dios. La importancia de entregar todo a Dios, sin excepciones, fue recalcada.
Se concluyó que el orden es indispensable para tener comunión con Dios. La vida fructífera y productiva comienza cuando se pone orden, se es purificado y se vive en santidad e integridad, lo que permite a Dios usar a la persona para Sus propósitos más elevados.