El programa Duro de callar continuó su cobertura desde la casa natal de Diego Maradona en Fiorito, donde funciona un comedor comunitario, mostrando la realidad de quienes asisten y los voluntarios.
Se escucharon testimonios desgarradores de personas que, a pesar de trabajar, no llegan a fin de mes y deben recurrir a la ayuda alimentaria. Una mujer relató su vergüenza al tener que pedir comida, pero enfatizó que "la vergüenza es robar" y que la dignidad está en seguir adelante.
Los entrevistados criticaron duramente al gobierno actual, señalando que "el hambre no tiene ideología" y que la situación actual es peor que en crisis anteriores. Se destacó la organización comunitaria como respuesta a la falta de asistencia estatal, rememorando las bases de la organización social de 2001.
El periodista Manuel se emocionó al ver la pequeña porción de comida que deben compartir familias enteras, reflejando la dureza de la situación y la importancia de la solidaridad vecinal ante la ausencia del Estado.