Se critica la metodología de las estadísticas económicas oficiales en Argentina, señalando que utilizan bases de datos antiguas que no reflejan la realidad actual. Se menciona que el EMAE tiene base 2004 y el IPC se basa en encuestas de 2005-2006.
Esto provoca que se subestime la inflación y se sobreestime el nivel de actividad económica. Se compara con el índice de Orlando Ferreres, que tiene base 1993, indicando que la elección de la base es crucial para evitar distorsiones.