La crisis en Bolivia se agrava con los bloqueos de rutas que impiden el abastecimiento de alimentos y medicamentos, y que incluso han provocado la muerte de un menor de edad que necesitaba traslado urgente a un hospital.
El gobierno de Luis Arce acusa a Evo Morales de impulsar las protestas, mientras Morales amenaza con convocar a elecciones si no se restablece la gobernabilidad. La situación se torna violenta con enfrentamientos entre manifestantes y contramarchas, sumando ya varios fallecidos.
Argentina, a través de su canciller Pablo Quirno, expresó su apoyo a la democracia y estabilidad institucional en Bolivia, condenando los intentos de desestabilización y violencia. La crisis se extiende a la falta de gas en el país, afectando gravemente a la población.