La situación política en Bolivia se agrava con la posibilidad de un estado de excepción o sitio por parte del gobierno. El presidente se reunió con enviados de Estados Unidos, quienes denunciaron un golpe de estado y pidieron apoyo a otros países de la región. A pesar de la presión, el presidente aún no ha dialogado con los sectores más críticos, y se esperan conversaciones recién a partir del domingo, un plazo que se considera extenso dada la escalada de tensiones.
El vicepresidente Lara presiona al presidente para iniciar el diálogo cuanto antes, evidenciando la debilidad del mandatario. En este contexto, surge una grave acusación contra el presidente: abuso de una menor con la que supuestamente habría tenido un hijo, hecho por el cual fue convocado a declarar y no se presentó.