Se señala que la gente viaja colgada en los trenes porque ya está acostumbrada a las precarias condiciones. Esta resignación hace que no se impresione ante la situación.
Se sugiere que el gobierno debería utilizar su capacidad de comunicación para concientizar a la gente sobre cómo viajar de forma segura, en lugar de " pelotudear" con cuentas falsas. Se enfatiza la necesidad de educación y cultura para cambiar esta realidad.