El complejo de refinación de Paraguaná en Venezuela, el más grande del país y el segundo del mundo, sufre décadas de mala gestión, falta de inversión y sanciones, lo que ha reducido drásticamente su producción de petróleo a pesar de las mayores reservas mundiales.
Los habitantes de las comunidades aledañas viven con temor a posibles explosiones, como la ocurrida en 2012 que dejó 55 muertos. Los derrames de la refinería también han afectado el ecosistema marino y la pesca, complicando el trabajo de los pescadores locales.
A pesar de la difícil situación, algunos mantienen la esperanza de que la inversión extranjera mejore la producción y genere empleo. Las exportaciones de petróleo venezolano aumentaron un 14% en abril, alcanzando el nivel más alto en 7 años, tras un acuerdo entre la administración Trump y el gobierno interino de Delcy Rodriguez.