Se afirma que todos deben arrepentirse porque todos son pecadores, y Dios ordena esta obediencia. El arrepentimiento implica confesar el pecado, abandonarlo y servir a Dios.
Se mencionan diversos ejemplos bíblicos de arrepentimiento, como las 3.000 personas a las que predicó Pedro, los ninivitas, la mujer pecadora, el hijo pródigo y Simón el Mago, quienes cambiaron su vida y abandonaron sus pecados.
Se destaca que Dios, Cristo y los ángeles están interesados en el arrepentimiento de los pecadores, e incluso aquellos en tormento desean que sus familiares se arrepientan para no correr la misma suerte.