Se reiteró que la prueba de Dios es una señal de que Él desea bendecirnos y promocionarnos, siempre y cuando superemos la prueba demostrando que Él es lo más importante.
Se advirtió que si la bendición recibida se interpone en la relación con Dios, Él puede retirarla, como le sucedió al rey Ezequiel por orgullo y falta de gratitud.
Se comparó con Abraham, a quien Dios probó pidiéndole a Isaac para asegurarse de que su corazón le pertenecía a Él y no a la bendición. Se enfatizó que todo lo encomendado a Dios está seguro y protegido.