Se presenta la figura de René Lalique, pionero de la joyería moderna, destacando su aprendizaje, estudios y trabajo independiente para joyeros como Cartier y Boucheron. Se cita su filosofía: "Buscar la belleza es un objetivo más digno que mostrar lujo".
Se mencionan los materiales nobles que utilizaba, como esmalte, vidrio y piedras semipreciosas, y cómo sus creaciones de colgantes, broches y collares se convirtieron en elementos representativos del arte deco y art nouveau. Su inspiración provenía de insectos, figuras fantásticas, flores y serpientes.
En 1900, su emblemática libélula con cuerpo de mujer le otorgó éxito rotundo en la Exposición Universal de París. Su creatividad se expandió a esculturas, lámparas y frascos de perfume, llevando la técnica del vidrio a altos niveles de perfección.