Un joven relata su experiencia en la clínica trucha de González Catán, donde fue atendido por una quebradura de mano. Si bien su recuperación fue favorable, reconoce que la atención médica fue deficiente y que ahora debe hacerse revisar por un profesional para evaluar secuelas.
El joven desconocía que la mayoría del personal no contaba con títulos habilitantes. Añade que la atención en general era mala, con personal de "mala onda" y poca disposición a trabajar, lo que agrava la situación de ser atendido por personal no calificado.