Se relata el misterioso caso de la muerte de Alfredo Llabrán, un empresario ligado a negocios con el Estado, encontrado sin vida en una estancia de Entre Ríos en 1998.
Llabrán era prófugo de la justicia, acusado de ser el autor intelectual del asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas. Se recuerda la frase de Llabrán: "Sacarme una foto a mí es como pegarme un tiro en la frente", frase que cobró relevancia tras el crimen de Cabezas en 1997, ocurrido en Pinamar.
El crimen de Cabezas se describe como un "mensaje mafioso, brutal contra el periodismo y contra la idea misma de verdad". La muerte de Llabrán cerró la causa judicial, pero dejó al descubierto los vínculos entre el poder, la impunidad y el silencio en la Argentina de los años 90.