Familiares de víctimas de la clínica trucha en González Catán relataron sus experiencias y reclamaron justicia.
Uno de los testimonios más conmovedores fue el de un hombre cuyo padre, Héctor Navarro, falleció tras un electrocardiograma y una inyección presuntamente incorrectos.
Se denunció que la clínica operaba con impunidad y que una "patota" agredió a quienes reclamaban.
Se afirmó que hay más víctimas que temen hablar por miedo a represalias de la banda, identificada como "piratas del asfalto".