Se destacó el poder transformador de la adoración, incluso en medio de dificultades y ataques.
Se relató la historia del Rey Josafat, quien, al enfrentarse a tres ejércitos enemigos, colocó músicos al frente de su tropa para alabar y adorar a Dios.
En el momento en que comenzaron a cantar, Dios intervino emboscando a los enemigos, quienes terminaron destruyéndose entre sí sin que el ejército de Josafat tuviera que luchar.
Se concluyó que la alabanza tiene el poder de vencer a los enemigos y que, incluso en situaciones de calumnia o ataque, levantar alabanzas a Dios puede traer la victoria sin necesidad de intervención directa.