Rodolfo Lieberman desmiente categóricamente que las pymes argentinas no sean competitivas, presentando estudios comparativos con China que indican un menor costo operativo en Argentina.
Señala que el problema no radica en la competitividad de la industria, sino en los altos costos logísticos, inmobiliarios, de financiación (tasas del 40-48% anual) y de impuestos, que encarecen el producto final.
Critica la narrativa oficial que apunta a la falta de competitividad como causa del declive industrial, calificándola de "mentira" e "injusticia total".