Se recordó el fenómeno de los "autos clavo" entre 1979 y 1982, donde marcas como Toyota, Mazda, Suzuki y Daihatsu ingresaron al país con precios bajos pero sin un plan de provisión de repuestos. Esto llevó a que muchos vehículos quedaran inutilizables y se convirtieran en chatarra, generando grandes pérdidas para los compradores.
Se destacó que los estados suelen regular la importación y establecer aranceles para evitar este tipo de situaciones, exigiendo a las automotrices que garanticen el suministro de repuestos. La comparación se extendió a productos como licuadoras y aspiradoras de los años 90, que también desaparecieron del mercado por falta de repuestos.
Se planteó la preocupación por una situación similar con los autos importados actuales, especialmente los eléctricos, cuyos costos de batería y eventuales reparaciones podrían volverse inmanejables, dejando a los propietarios en una situación similar a la de los dueños de los "autos clavo".