La crisis en Bolivia se agrava con protestas y bloqueos que continúan a pesar de los anuncios del presidente Rodrigo Paz. Analistas señalan que el mandatario está recibiendo apoyo y asistencia de Estados Unidos, lo que podría fortalecer la acción de su gobierno.
La población movilizada ve con recelo la intervención estadounidense, temiendo que complique aún más la situación económica y social. Sectores sociales expresan susceptibilidad hacia el gobierno de EE.UU. y rechazan la posibilidad de privatización de empresas estatales.
La situación es calificada como explosiva y de carácter insurreccional, con demandas salariales, pérdida de poder adquisitivo y reclamos diversos que coinciden en la solicitud de renuncia del presidente Paz, quien lleva solo seis meses en el cargo.