Se enfatiza que el negocio de las clínicas truchas se basaba en el engaño y la estafa, jugando con la salud de las personas y provocando agravamiento de enfermedades e incluso muertes.
La Dra. Romina Neira, cuya matrícula fue usurpada, explica que la clínica ilegal no solo se dedicaba a lo estético, sino que realizaba estudios y tratamientos para enfermedades sin tener la capacidad ni la autorización para ello.