La clínica de González Catán fue clausurada tras un gran operativo policial. Se vivió una batalla campal entre familiares de un paciente fallecido y empleados del lugar, quienes intentaron agredir a la prensa.
Los empleados defendían a los dueños de la clínica, a pesar de que el personal no contaba con títulos profesionales habilitantes. Las veredas quedaron repletas de restos de piedras y cascotes, evidenciando la violencia del enfrentamiento.