Se enfatiza que el verdadero arrepentimiento implica un cambio en la manera de pensar que, a su vez, produce un cambio en la manera de vivir, lo cual es la evidencia fundamental de haberse arrepentido.
Se aclara que seguir viviendo la misma vida de pecado, a pesar de confesar o llorar, indica la ausencia de arrepentimiento y, por lo tanto, la falta de salvación, vida eterna y presencia de Dios.