La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, Noruega, actúa como un cofre de seguridad para que centros de todo el mundo recuperen sus colecciones en caso de catástrofes. Su utilidad se demostró en 2015, cuando un centro de investigación en Siria recuperó fondos perdidos a causa de la guerra.
La instalación está construida a prueba de terremotos, bombas y erupciones volcánicas, y se sitúa a 130 metros sobre el nivel del mar para evitar inundaciones. El frío del círculo polar ártico mantiene la temperatura de forma natural durante cientos de años.