Se analiza la magnitud de la red criminal que operaba con clínicas, farmacias, obras sociales y ambulancias truchas, usurpando la identidad de al menos 50 médicos. Se cuestiona la falta de controles que permitieron el funcionamiento de esta organización durante cinco años.
Se destaca la impunidad y la falta de escrúpulos de los delincuentes, algunos de los cuales tenían antecedentes por piratería del asfalto y asesinato. La presencia de ambulancias no habilitadas y farmacias clandestinas evidencia la gravedad de la situación.
Se subraya la dificultad de montar una red de esta envergadura sin que nadie se percatara, sugiriendo complicidad o desidia por parte de los organismos de control. La investigación aún está en sus etapas iniciales y se esperan más ramificaciones.