En un segmento reflexivo, Georgina Barbarosa compartió una anécdota de su época escolar en un colegio de monjas, donde aprendió sobre el significado de ofrecer el dolor por la paz mundial.
Relató cómo, siendo niña, escondía comida en el bolsillo de su delantal para comerla después, y cómo una monja le enseñó que ese "sacrificio" podía ser ofrecido por un bien mayor. Esta reflexión surge en el contexto de sus propios dolores físicos, como el del dedo lastimado, que ahora podría ofrecer por la paz.