La tensión internacional por el control del Estrecho de Ormuz es palpable, con países como Alemania, Reino Unido y España desplegando presencia militar en la zona. La OTAN busca una salida diplomática a la crisis, mientras que Donald Trump ha adoptado un enfoque mixto entre la vía bélica y la diplomática.
Se espera que la diplomacia prevalezca para evitar problemas en el abastecimiento de combustible a nivel global. La situación geopolítica genera incertidumbre sobre el éxito de las negociaciones y su impacto en el mercado energético.