La investigación sobre la desaparición de Erika Soriano se centra en su pareja, Daniel Lagostena, y en los hechos ocurridos el 20 de agosto en su casa de Lanús.
Un llamado a una pizzería realizado minutos antes de la desaparición y comida encontrada en la heladera sugieren que alguien esperaba en la casa. El juez Gabriel Vitale busca reconstruir los hechos, incluyendo la declaración de la amiga de Erika y del ginecólogo, y el último mensaje intercambiado por la joven antes de desaparecer.
La amiga relató que Erika se encontraba mal con respecto a su relación con Lagostena, y que él estaba manejando el auto en el que volvían a casa. Las circunstancias apuntan a una posible discusión o a la vulnerabilidad de Erika, pero se cree que no salió viva de la casa.