Se expone la idea de que el arrepentimiento de los pecados es un mensaje impopular pero esencial para la salvación y la vida eterna, siendo un paso siguiente a creer en Jesucristo.
El arrepentimiento (metanoia) implica un cambio en la forma de pensar y vivir. Se menciona que fue predicado por Juan el Bautista, Jesús y los apóstoles, y que incluso la iglesia en Apocalipsis recibió el mandato de arrepentirse.
Se argumenta que obedecer a Dios y a sus mandamientos no es fácil, requiriendo negarse a uno mismo, someter la voluntad y poner todo (tiempo, dinero, talento) a disposición del Señor. Se concluye que por esta dificultad, son pocos los que se salvan.