La Paz se encuentra paralizada por una profunda crisis social y política que se extiende por tercera semana. Los manifestantes, incluyendo maestros, obreros, campesinos y transportistas, realizan bloqueos en avenidas y calles, impidiendo el acceso a la Plaza Murillo, sede de gobierno, que está fuertemente resguardada por el ejército y la policía.
La recolección de residuos no funciona hace más de dos semanas, generando montañas de basura. Javier, un transportista, expresa su preocupación por la debanda económica, la gasolina de mala calidad que daña los motores y los obstáculos impuestos por el gobierno de Rodrigo Paz. Los transportistas denuncian que sus ejecutivos no reciben respuesta a sus pliegos y que la situación económica es insostenible.