Se enfatiza la importancia de seguir la "arca" de la presencia de Dios y de buscar activamente su compañía, ya que muchos cristianos pasan meses sin sentirla y luego se desorientan.
Se ofrecen consejos para mantener la comunión con Dios, aclarando que la oración y el ayuno no son lo mismo que la comunión con el Espíritu Santo. La verdadera amistad con Dios se cultiva a través de conversaciones diarias y una relación personal.
Se distingue entre las peticiones al Padre y la amistad con Dios, ejemplificando con Jesús y sus discípulos, quienes no solo le pedían al Padre sino que también conversaban íntimamente con Jesús sobre sus miedos y planes.
Se brindan "tips" para caminar con el Espíritu Santo: no ignorarlo, someterse a su autoridad (si dice "no", es "no") y reconocer su majestad y poder, entendiendo que es el mismo Dios que creó el universo y resucitó a Cristo.