La situación en Bolivia es de caos institucional y alta tensión social, con bloqueos generalizados y fuerte descontento popular contra el presidente Rodrigo Paz, quien asumió hace seis meses con promesas incumplidas.
Los manifestantes reclaman por el deterioro de la calidad de vida, el aumento de precios de alimentos y combustibles (la gasolina subió de 3.74 a casi 8 bolivianos el litro), y el incumplimiento de promesas como la no recurrencia al FMI, al cual sí acudieron.
El gobierno ha perdido legitimidad al no cumplir promesas y endeudar al país en 14.800 millones de dólares en seis meses. La mayoría de los manifestantes pide la renuncia del presidente.