Dirigentes cocaleros tomaron el aeropuerto de Chimoré, ubicado en el trópico de Cochabamba y cercano a la residencia de Evo Morales, como medida para evitar una posible detención del exmandatario.
Esta acción se da en el contexto de las tensiones políticas y sociales en Bolivia, y ante los rumores sobre el posible retorno de la DEA al país, una agencia que fue expulsada durante el gobierno de Morales en 2008. Morales ha expresado su temor a ser secuestrado y extraditado, y percibe una alianza de países que buscan perjudicarlo.
La toma del aeropuerto se interpreta como una defensa ante un posible escenario de persecución judicial, sumándose a la narrativa de Morales sobre un "delirio de persecución" que, según la analista, ha mantenido desde hace tiempo.