El predicador reitera las advertencias sobre el castigo de Dios para los fornicarios y adúlteros, citando Colosenses 3 y Primera Tesalonicense sobre la venganza divina contra el pecado sexual.
Insta a los creyentes a ordenar sus vidas y vivir bajo "cielos abiertos", enfatizando que el camino a la bendición familiar requiere esfuerzo, renuncia a la carne y disciplina espiritual, no solo buenas intenciones.