El asesinato del ministro de defensa de Mali y la ofensiva rebelde en el Sahel han intensificado la preocupación internacional por la violencia y el extremismo en la región. La ofensiva, que tuvo lugar a finales de abril, llevó al repliegue de mercenarios rusos y reavivó la alerta sobre el terrorismo global en el Sahel, una zona marcada por conflictos históricos, lucha por recursos, narcotráfico y tensiones geopolíticas.
El reportaje profundiza en los actores detrás de los ataques, identificando principalmente al grupo yihadista Yenim, vinculado a Al Qaeda, y al Frente de Liberación de Azawad (FLA), compuesto por pueblos tuaregs que buscan autonomía o independencia. Se destaca la fragilidad de esta alianza.
El análisis retrocede a 2012 para contextualizar la guerra civil en Mali, exacerbada por el conflicto en Libia tras la caída de Gadafi, que permitió a combatientes tuaregs armados regresar al país. La situación en Mali se deterioró con golpes de estado en 2020 y 2021, llevando al poder a la actual junta militar.
Se introduce el concepto de "cinturón golpista" para describir la recurrencia de golpes de estado en la región del Sahel. La expansión del yihadismo preocupa a Europa por el posible aumento de la migración. Sin embargo, se señala que el fundamentalismo islámico no es la única causa de los problemas, sino que se mezclan con la erosión de la soberanía estatal, el crecimiento de economías ilegales, el tráfico de drogas y las tensiones geopolíticas globales, evidenciadas por la presencia de Rusia y la huella colonial de potencias occidentales.