Se explicó que dar limosna no es para Dios, sino para ayudar a los necesitados, siendo un acto de amor al prójimo que, junto a la oración (amor a Dios), fue tenido en cuenta por Dios en el caso de Cornelio.
Se enfatizó que la finalidad de estas acciones es cumplir la ley de amar a Dios y al prójimo, y que Dios bendice a quienes cuidan de los pobres y dan con generosidad.
Se advirtió contra la hipocresía, señalando que las buenas obras deben hacerse sin buscar la admiración de la gente, sino para agradar a Dios, citando el ejemplo de Ananías y Zafira como advertencia.