Evo Morales, desde su refugio, ha expresado temor ante la posibilidad de ser secuestrado y extraditado, y ha denunciado la posible intervención de fuerzas de otros países, específicamente de Estados Unidos, en territorio boliviano.
Morales sugiere que existe una alianza y un plan para quitarle la libertad o acabar con su vida, relacionándolo con el regreso de la DEA al país y una supuesta decisión de la administración Trump. Como medida preventiva, dirigentes cocaleros tomaron el aeropuerto de Chimoré, cercano a su ubicación, para evitar una posible detención.
Esta narrativa de persecución, que Morales ha mantenido desde su época como diputado, se suma a las acciones que se están tomando a nivel nacional. A pesar de que se le ha pedido que lidere las marchas, Morales no ha asistido, argumentando posibles riesgos.
Adicionalmente, se recuerda la acusación de 2019, cuando el kirchnerismo y el masismo boliviano acusaron al gobierno de Macri de enviar aviones con armamento para un golpe de Estado contra Evo Morales. Este "fantasma" de intervención externa es el que Morales intenta agitar, a pesar de que la Cancillería argentina ha informado de un puente aéreo humanitario con un avión Hércules, el cual, según periodistas bolivianos, viaja vacío para cargar alimentos.