Las consecuencias psicológicas del grooming pueden ser tan graves como las de un abuso físico, incluso si no llega a producirse el contacto sexual. El niño o adolescente se siente vulnerado y puede experimentar efectos similares a los de un abuso consumado.
La ley argentina castiga no solo el encuentro físico, sino también la intencionalidad de contactar a un menor con fines sexuales. Se recomienda a los padres escuchar y creerles a sus hijos, sin juzgarlos, y actuar rápidamente ante cualquier indicio. La culpa siempre recae en el adulto agresor.