La relación entre Cuba y Estados Unidos ha estado marcada por décadas de tensión desde la revolución cubana en 1959. Tras el derrocamiento de Fulgencio Batista, el gobierno de Fidel Castro nacionalizó empresas estadounidenses y se acercó a la Unión Soviética, lo que provocó la ruptura de relaciones diplomáticas en 1961 y la fallida invasión de Bahía de Cochinos.
La crisis de los misiles en 1962 llevó al mundo al borde de la guerra nuclear, pero se resolvió diplomáticamente con la retirada de los misiles soviéticos a cambio de la promesa de no invasión estadounidense. Con la caída de la URSS, Cuba perdió su principal sostén y atravesó un "periodo especial" de racionamiento y hambre.
El apoyo de Venezuela, bajo Hugo Chávez, y luego la normalización de relaciones con Obama en 2014, ofrecieron un respiro. Sin embargo, la llegada de Trump revirtió avances y la actual crisis económica, agravada por la captura de Nicolás Maduro y el corte del petróleo venezolano, pone a Cuba en su mayor crisis en décadas. El diálogo con EE.UU. sigue estancado por diferencias sobre términos y condiciones.
La base naval de Guantánamo, ocupada por EE.UU. desde 1898, ha sido un motivo permanente de tensión. La relación actual se define por la distancia entre las exigencias de Washington y la disposición de La Habana a ceder, mientras la población cubana sufre las consecuencias de años de conflicto.
El análisis concluye que, a pesar de los cambios de líderes, alianzas y del mundo, la dinámica fundamental de la relación Cuba-EE.UU. persiste, marcada por la falta de acuerdo en los términos de diálogo y las consecuencias socioeconómicas para la isla.