Lucrecia, inspirada por un mensaje divino, dedica su vida a ayudar a personas en situación de calle, brindándoles platos de comida caliente y pan casero. Lo que comenzó como una iniciativa con 20 mil pesos y 20 viandas diarias, ha crecido exponencialmente hasta repartir entre 80 y 90 bandejas por noche.
Su familia, incluyendo a su esposo Walter, se ha unido a esta noble causa, fortaleciendo los lazos familiares y extendiendo la ayuda a quienes más lo necesitan. Lucrecia no se centraliza en un solo lugar, sino que recorre el centro de la ciudad, terminales y zonas donde se encuentran personas necesitadas, llevando alimento y esperanza.
La historia de Lucrecia destaca la importancia de la fe, la solidaridad y el cambio personal que puede generar un propósito. A pesar de las dificultades, ella y su familia continúan trabajando incansablemente para llevar un plato de comida a quienes más lo necesitan, demostrando que la bondad puede transformar vidas.