El rol de la placenta durante el embarazo es crucial para el desarrollo del feto, actuando como una barrera selectiva que permite el paso de nutrientes y oxígeno, pero también de sustancias tóxicas como el alcohol, que pueden afectar negativamente al bebé.
La placenta se forma a partir de células fetales y se incrusta en la pared del útero materno, un proceso que el cuerpo de la madre tolera y favorece a pesar de ser un cuerpo extraño. Su desarrollo implica la formación de una vasta red de ramificaciones que flotan en la sangre materna, creando una superficie de intercambio de 12 a 14 metros cuadrados.
Durante el embarazo, la placenta produce hormonas esenciales para su mantenimiento, como las que regulan el nivel de azúcar en sangre y preparan el pecho para la lactancia. También es responsable de la segunda raya en las pruebas de embarazo.
Existen riesgos asociados a la placenta, como su ubicación incorrecta cerca de la salida del útero, lo que puede requerir una cesárea. Además, al final del embarazo, es vital asegurarse de que la placenta sea extraída en su totalidad para evitar hemorragias maternas.