Se denuncia que Milei y Willy están comprando votos con dulces y prometiendo pastel a cambio de apoyo para Nelly Olson. Se menciona que, a pesar de esto, no todos votarán por ella.
Se hace una analogía con elecciones federales pasadas donde se necesitaron tropas para un recuento honesto. Se discute la credibilidad de las promesas de los candidatos escolares, señalando que a menudo no se cumplen, lo cual equivale a mentir. También se menciona la práctica de poner apodos a los candidatos.