El pastor enseña que los líderes y pastores tienen la responsabilidad de anunciar todo el consejo de Dios sin eludir temas impopulares como el adulterio y la infidelidad sexual.
Según Ezequiel, si el mensajero no advierte al pecador y este se pierde, Dios hará responsable al líder de esa muerte eterna. En cambio, si advierte y la persona no cambia, el mensajero habrá salvado su propia alma.
El adulterio y la fornicación provocan la pérdida de la presencia de Dios y pueden costar el reino eterno, como advierten Hebreos 13, Apocalipsis 21 y 1 Corintios 6. David perdió el brillo de su ministerio por tomar a la esposa de Urías y solo lo recuperó tras confesar y arrepentirse.
El pastor exhorta a priorizar la ocupación con Dios mismo antes que con la obra, ya que servir sin estar con el Señor lleva al naufragio espiritual. Los creyentes deben obedecer para heredar la vida eterna.