Islandia implementó desde 2019 una jornada laboral de 4 días y 36 horas semanales sin reducir salarios, con resultados positivos: 86% de la población trabaja bajo este régimen, mayor productividad y crecimiento del PBI por encima del promedio europeo.
El experimento mejoró el equilibrio vida laboral-personal, redujo estrés, impulsó demanda interna en cultura y servicios, benefició a trabajadores, empresas y sociedad; empresas retienen talento, especialmente generación Z, y baja huella de carbono.
Panelistas destacaron que la productividad depende de priorizar tareas, no horas, y el país es segundo en ranking de felicidad mundial.