El pastor lee Primera de Pedro 5 y enseña que los líderes deben cuidar a las personas que Dios les encomendó con gusto y como ejemplo, sin buscar dinero ni dominio.
Explica que el administrador fiel recibe mayor responsabilidad y que Dios confía su mayor tesoro, la iglesia, a quienes administran bien.
Destaca que la prioridad absoluta es cuidar el alma y reconciliarse con Dios, ya que nada vale la pena si se pierde la salvación.