Sobrevivientes de la tragedia de República Cromañón relatan sus experiencias en el recital de Callejeros el 30 de diciembre de 2004, cuando bengalas prendieron fuego al techo altamente inflamable, desatando un caos mortal con salidas bloqueadas y humo tóxico que causó 194 muertes.
Los testigos describen la euforia inicial del público joven, la cultura de usar pirotecnia heredada de otros shows, y el pánico repentino al ver bolas de fuego rebotar en el techo bajo. Algunos lograron salir arrastrándose por el piso o siguiendo a los músicos, mientras otros ayudaron a rescatar cuerpos en medio de la oscuridad y el calor extremo.
En los hospitales, como el de Quemados y Ramos Mejía, se vivieron escenas desgarradoras con morgues improvisadas y triajes desesperados. Un médico salvó a un paciente considerado muerto cerebral gracias a una visión intuitiva y la fe, con la visita del Cardenal Bergoglio aportando esperanza en la recuperación milagrosa.
Las familias enfrentaron duelos interminables, buscando entre hospitales y reconociendo pérdidas irreparables, mientras los sobrevivientes cargan marcas físicas y emocionales para siempre, destacando la solidaridad y el apoyo mutuo en el horror.