El pastor enfatiza que milagros como sanidades demuestran que Dios existe, pero la salvación eterna es más importante que curas temporales, pues el pecado separa de Dios y lleva al infierno.
Todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios; las buenas obras son como trapos inmundos. Solo la sangre de Cristo perdona y hace apto para el cielo.
Invita a confesar pecados en el altar abierto para una vida nueva, con provisión, salud y armonía. Da un minuto con cuenta regresiva para que los indecisos vengan, pues es tiempo de gracia.
La iglesia se pone de pie para recibirlos; el pastor guía la oración: "Señor Jesucristo", instando a reconocer el pecado y recibir perdón.
Promete que Dios emblanquecerá almas rojas como nieve y cambiará destinos, venciendo maldiciones familiares.